21 de noviembre de 2014

¿Ciudades inteligentes?

Esta semana tuvo lugar en Barcelona el congreso mundial de ciudades digitales, Smart City Expo. Cada vez más sensores pueblan las urbes con el fin de detectar problemas, automatizar tareas y aportar datos para que, tras su análisis (con herramientas de big data), los servicios públicos puedan optimizar la gestión de los municipios y brindar mejores prestaciones a los ciudadanos. 

Jeremy Rifkin, autor de "La sociedad de coste marginal cero" señaló que hay tres ejes hacia los que nos movemos en este nuevo escenario: la transformación del consumidor en ‘prosumidor’, es decir, en productores, de mano de la impresión 3D, las apps móviles, etc.; el surgimiento del procomún colaborativo, “un escenario en el que todo el mundo trae la información, crea un servicio y lo pone a disposición de todo el mundo, de forma que el beneficio empresarial casi no existe”; y la tendencia de administrar la información con el big data procedente de fuentes muy diversas (como las redes sociales y los múltiples sensores desplegados por todas partes).

Íñigo de la Serna es el alcalde de Santander, la primera ciudad española que empezó a trabajar en el concepto de urbe inteligente, y el presidente de la RECI (Red Española de Ciudades Inteligentes), quien reconoció tener dudas del escenario futuro. (Algunos opinan que sería el "Gran Hermano".) Esta realidad hará, según De la Serna, que “el planteamiento del sistema económico del futuro sea muy diferente al sistema capitalista del sistema occidental que conocemos”.

Para Eduardo Navarro del Carvalho, chief commercial digital officer de Telefónica, la revolución digital y el concepto de smart city que implica no ha llegado aún, por la complejidad que conlleva desplegar este tipo de proyectos que precisan de la actuación de múltiples jugadores. Para él, hay que “dejar de hablar del big data y hacerlo del dato útil y responsable” y, también, apostar por plataformas de ciudades inteligentes “interoperables, basadas en estándares y abiertas, y ubicadas en modelos cloud” para un acceso cómodo.

¿Inteligente?
Se ha tomado la costumbre de aplicar este calificativo a aparatos y aplicaciones que se destacan por sus nuevas funciones. Pero sería conveniente revisar el uso de dicho concepto, so pena de menospreciar cada vez más lo que nos hace humanos.
La inteligencia es la aptitud que nos permite resolver problemas en situaciones complejas. Sus principales características son su capacidad de aprender rápidamente por sí-misma y de ajustar su estrategia a medida que adquiere nueva información, de jerarquizar y diferenciar lo importante de lo secundario, de evaluar las relaciones entre medios y fines, de utilizar el azar para hacer descubrimientos, de reconstituir una configuración global a partir de indicios fragmentarios, de reconocer lo nuevo sin reducirlo a esquemas conocidos, de innovar en estas circunstancias nuevas y de utilizar todos los recursos de los cuales puede disponer. Así, la inteligencia no puede desarrollarse plenamente sin un sistema de acumulación de experiencias: su base es la memoria y la posibilidad de acceder en forma reiterada a la memoria es lo que asienta la relación dinámica entre inteligencia y conocimiento. De este modo, su asiento más evolucionado es el sistema nervioso y la “máquina” cerebral.  A diferencia de las máquinas artificiales que resuelven problemas de otros, el organismo y la "computación viva" resuelven sus propios problemas. Es una “computación de sí mismo, por sí mismo, para sí mismo” dice Edgar Morin (El método, t.3: "El conocimiento del conocimiento", p.42). Debemos recordar que “La facultad de comprensión humana es irreductible a cualquier esquema numérico” como mostró Roger Penrose ("Las sombras de la mente: Hacia una comprensión científica de la conciencia").

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