16 de octubre de 2009

La Web y la difusión de las ideas



Nadie podría negar que el advenimiento de la WWW ha dado origen a una nueva era en materia de difusión de las ideas y de alcance al conocimiento. Si, con el desarrollo de las nuevas tecnologías de comunicación, se empezó a hablar de la "Era de la Información", con los nuevos recursos como enciclopedias on-line (Wikipedia y otras, más especializadas) y la enseñanza on-line, estamos entrando en una nueva "era del conocimiento". Pero no podemos pecar de exceso de optimismo y queremos hablar aquí de las trabas con que nos encontramos aún para que el acceso al conocimiento sea realmente efectivo y universal.


Información y censura

El problema sin duda más conocido es el de la censura política de la información, especialmente en el caso de hechos noticiosos que ciertos gobiernos consideran perjudiciales para su imagen. Las medidas que adoptan van desde disposiciones legales -que pueden llevar hasta el encarcelamiento de los infractores- hasta la intervención y control de Internet, como en China, pasando por el cierre de medios de comunicación "molestos", como ha ocurrido en Venezuela.

Del mismo modo que se cierran medios "tradicionales", se pueden cerra (bloquear) servidores de web. Los gobiernos lo han intentado algunas veces, pero este método se ha revelado totalmente inútil: en pocos minutos se puede transferir la información e incluso construir un duplicado completo del servidor (mirror) en otro país, donde no se aplican las mismas regulaciones. La web no tiene fronteras y las leyes locales tienen escaso poder para controlarla.

Solo medidas extremadamente drásticas, aplicadas a las personas (encarcelamiento), pueden acallar hoy a los disidentes. La mejor prueba es el blog "Generación Y" de Yoani Sánchez. Sin tener acceso a Internet (o solo ocasionalmente), logra publicar constantemente, al igual que Miriam Celaya, que reúne a muchos otros en sus "Voces Cubanas", ambos sitios bloqueados en Cuba por la censura.

Sin duda lo más efectivo y fácil parece ser el bloqueo del flujo entrante de información y todos los países con regímenes autoritarios lo hacen. Pero ya no es posible controlar totalmente el flujo de salida, como lo podemos observar tanto con las cubanas citadas como con ciudadanos de Irán, China y otros países. Y es que en estos países también han entrado las nuevas tecnologías, siendo los teléfonos celulares con cámaras fotográficas medios de muy difícil control. De relevo en relevo, o con tarjetas SIM pasadas subrepticiamente de mano en mano, la información siempre termina por escapar y llegar a algún editor externo benévolo. Estos informadores son los que hoy tienen el mayor poder para lograr cambios de parte de los gobiernos correspondientes.

Es con teléfonos móviles que se coordinaron las protestas de los monjes de Myanmar contra el gobierno birmano en 2007 y que las imágenes de la represión fueron conocidas. Como señala Alberto Rojas: "Hace dos décadas nada de esto habría sido posible. La pregunta, entonces, es qué ocurrirá en veinte años más, cuando existan nuevas herramientas digitales y la portabilidad de los equipos sea una constante." (El Mercurio, 2009).


Web y derechos intelectuales

Las nuevas tecnologías son también hoy fuente de otro tipo de controversia -y de intentos de control-, que ha crecido en importancia a raiz de dos fenómenos: la descarga ilegal de millones de obras musicales y la digitalización de libros y su oferta masiva por empresas de la importancia de Google: es el tema de la piratería y de la comercialización de los derechos de autor o, más ampliamente, de la protección de los derechos intelectuales. El problema no debe ser restringido a la música y a los "e-libros": es propio de todo lo que se publica en la web, desde el presente artículo a las fotos que subí a Flickr o a lo que intercambio por P2P.

La piratería digital, sea de música, películas o juegos, se ha convertido en un fenómeno global y en la causa de acérrimas disputas legales, como señaló la BBC en su sitio on-line el pasado 2-06-2009, preguntando qué hacer al respecto. Francia adoptó una ley que contempla cortar la conexión a quienes persisten en hacer descargas ilegales después de varios avisos. ¿Es ésta la solución? ¿Ha de seguir indefinidamente vigente el modelo del copyright, que tiene ya (y solo) 300 años de vida?

La problemática de los derechos de autor nació a raiz de la multiplicación de obras por medio de la imprenta. La primera norma al respecto fue el "Estatuto de la Reina Ana", aprobado por el parlamento inglés en 1710. Estableció un plazo de copyright de 14 años, renovable por una vez si el autor se mantenía con vida. En los Estados Unidos se promulgó la primera Copyright Act en 1790, fijando el mismo plazo. En Francia, la primera ley fue aprobada en 1791.

La ley estadounidense, al mismo tiempo que fue extendiendo los plazos de vigencia, desarrolló posteriormente una doctrina que flexibiliza la protección: la de "fair use" o uso razonable, que permite la utilización de una obra con propósitos de crítica, realización de comentarios descriptivos, noticias, enseñanza e investigación. Esta doctrina ha sido aceptada y aplicada en numerosos países y es la que domina hoy en internet pero, en modo alguno, autoriza las retransmisiones de reproducciones íntegras por parte de terceros ni la piratería. Las reproducciones íntegras solo deben ser consideradas legítimas cuando quien haya adquirido legalmente una quiera realizar un respaldo (cosa esencial en materia de informática) o la quiera pasar de un dispositivo a otro. Sin embargo, ésto es cosa que algunos productores no quieren aceptar y han llevado su lobby a favor de la interdicción de este procedimiento a tal punto que los proyectos de ley de algunos países prohiben totalmente todo tipo de traspaso, olvidando que para visualizar -o escuchar- una obra en un computador se debe descargar ahí el archivo correspondiente (cosa que este tipo de ley haría ilegal).

Entonces, ¿no debería buscarse un nuevo modelo, que compatibilice mejor los derechos del autor con el derecho a conocer? El mundo digital no ha quedado ajeno a esta problemática y la web ha incentivado la aparición de otros tipos de permisos y sistemas de protección, como la Licencia Pública General (GNU General Public License), orientada principalmente a proteger la libre distribución, modificación y uso de software, y la licencia Creative Commons (CC), que se puede aplicar a cualquier tipo de obra y es la más favorable para la difusión del conocimiento (cada vez más utilizada por las publicaciones científicas). Las licencias CC se basan en combinar distintas propiedades. Éstas son:
* Attribution (by): Obliga a citar las fuentes de esos contenidos. El autor debe figurar en los créditos.
* Noncommercial (nc): Obliga a que el uso de los contenidos no pueda tener bonificación económica alguna para quien haga uso de contenidos bajo esa licencia.
* No Derivative Works o NoDerivs (nd): Obliga a que esa obra sea distribuida inalterada, sin cambios.
* ShareAlike (sa): Obliga a que todas las obras derivadas se distribuyan siempre bajo la misma licencia del trabajo original.


Resguardo cultural

La problemática se ha ampliado sin duda debido al proyecto de Google de digitalizar libros (ya dispone de 10 millones de títulos), inicialmente todos los libros posibles, pero ahora solo los libros de "dominio público" (derechos de autor vencidos) y "huérfanos" (sin herederos conocidos) así como los que las editoriales acepten comercializar digitalmente. Este proyecto ha sido fuertemente rechazado en Europa, especialmente por editores y bibliotecas. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el 90% del patrimonio literario mundial no se encuentra disponible en el comercio (según Viviane reding, comisaria europea). ¡Bienvenida, entonces, la digitalización, conservadora y difusora de la cultura!

¿Cuál sería la razón para oponerse a esta tarea? Sin duda el riesgo de monopolio comercial y de "explotación de los consumidores". Google se quedaría con el 37% de los beneficios por libro vendido, en el caso de obras "con derechos". ¿Pero con cuanto se quedaría si no tiene que pagar a otros? Otro riesgo, que inquieta sobretodo -al parecer- a los franceses (y quizás también a intelectuales de otros países) es la apropiación de las fuentes culturales por un dueño americano. Éste es un tema de política cultural que podría tener, efectivamente, facetas complejas. Pero nadie impide que empresas de otros países hagan, para su cultura, lo que hace GoogleBooks en los Estados Unidos. Para el usuario, no importa donde esté guardada la obra que le interesa ni quien lo hizo: internet no conoce las fronteras y solo le importa poder acceder a la obra sin pagar un costo demasiado alto. (Aunque todos esperen la gratuidad, es evidente que ésto es imposible). Los gobiernos podrían, para ello, dirigir recursos hacia las bibliotecas, como lo hace Chile con su "Biblioteca Virtual del Bicentenario" y España con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes o el Proyecto Gutenberg. Pero, al parecer, pocos están en condiciones de competir con los bajos costos y la masividad (¿rapidez?) del procedimiento de Google, al punto que algunos (como se lo plantea la Biblioteca Nacional de Francia) prefieren confiar el proceso a esta empresa. LLegamos a lo que Yann Moulier-Boutang llama el "capitalismo cognitivo".

Al hacerse Google cargo de la digitalización de obras agotadas (y otras) surge otro problema, generalmente desconocido: el de la fiablidad de los meta-datos (como los que las bibliotecas conservan en sus fichas) que, según ha sido demostrado, son muchas veces equivocados, lo cual induce a error a todo historiador o investigador que los quiera utilizar (O.Ertzscheid). Nuevamente, aquí, podríamos apelar a las bibliotecas, que saben hacer mejor este trabajo ... pero no tienen los recursos de Google.

Queda aún otra duda: Google sabrá quién lee qué, por cuanto exigirá una cuenta personal en sus sistemas para acceder a las compras, aunque no a meras búsquedas y consultas de alguna página (en cuyo caso registra al menos el IP, navegador y datos de "cookies" no precisados). ¿Hasta dónde es significativa esta pérdida de privacidad? ¿Alguién (partiendo por esta misma empresa) podría aprovecharse de ello? El reglamento descarta el uso por terceros pero no parece claro el uso "para fines del mismo servicio" y se indica que "se conservarán los datos por algún tiempo". Pero las condiciones finales de operación están actualmente bajo consideración de un tribunal norteamericano. Google ya sabe lo que buscamos en la web y qué páginas visitamos a partir de las búsquedas. ¿Nos quejamos?


El problema de fondo

Acerca de los derechos y limitaciones, es obviamente necesario hacer una distinción entre dos tipos de contenidos: los propiamente informativos (y estrictamente culturales) y los que corresponden al comercio de la entretención. El modelo de difusión sin duda ha de ser diferente en ambos casos. Los productos de entretención corresponden en su casi totalidad a una industria cuya existencia depende vitalmente de la comercialización y ello ha de ser reconocido y protegido en Internet. Pero el caso de la información es mucho más delicado.

El problema de fondo ha sido expresado por Lawrence Lessig: "¿Cómo garantizamos el pensamiento libre cuando se reclama la propiedad privada de las ideas?" (El código 2.0, p.24). Antes de la imprenta, las ideas no tenían "dueños", aunque se respetaba y mencionaba -en ambientes académicos- el nombre de quienes las habían formulado. Pero no eran objeto de comercio. Se debe tomar conciencia de que, en este caso, el problema de la remuneración ha sido el resultado no de la expresión original sino de la aparición de un soporte que permitía la reproducción y del costo de este soporte. El "reproductor" (la imprenta primero y otros medios después) invierte en la producción de las copias y, en la medida en que logra ganancias por ello, hace al autor partícipe de dichas ganancias, reconociendo su rol generador de las mismas.

Pero si la generación de copias no tiene costo, como ocurre en muchos casos hoy en internet (principalmente a través de la "web 2.0") ¿de qué ganancia participaría el autor? Para la mayoría de los autores, la difusión de su producción intelectual es en cierto modo un subproducto de su función y empleo (como en el caso de los científicos e investigadores de todo ámbito). Para ellos, la web es un medio extraordinario para dar a conocer sus ideas, sus descubrimientos, en beneficio de todos. Existen ya múltiples revistas científicas que solo se publican de forma digital. Y es probable que, a corto o mediano plazo, las publicaciones impresas serán cada vez más una solución extraordinaria.
  • Según expertos reunidos en el taller de la Red de Bibliotecas Universitarias (Rebiun), en Salamanca, en cinco años el 25% de las publicaciones científicas serán sólo digitales.(SINC, 6-10-2009)
Sin duda este porcentaje seguirá creciendo con el tiempo y, probablemente, de forma acelerada dadas las necesidades de acceso y las dificultades -y costos- del transporte físico. Pero en el caso de la masificación de los "e-libros", si bien existe un costo inicial de digitalización, ¿cómo limitar las ganancias de una empresa como Google a una utilidad "razonable"?

Conclusión

Creo, finalmente, que debe plantearse con mucha fuerza otra pregunta capital: ¿no sería en realidad el conocimiento un derecho universal? Se ha definido el derecho a la información como el derecho a recibir, investigar y difundir mensajes (Jaramillo, siguiendo a J.M.Desantes). ¿Pero no debería entenderse como un derecho a acceder a todo el conocimiento humano?

Quiero concluir con L.Lessig:
    "Si mis textos provocan reacciones airadas, acaso también puedan incitar reflexiones más equilibradas. Vivimos tiempos en que no resulta nada fácil atinar, pero las respuestas fáciles a los debates del pasado no son las adecuadas en el presente." (El código 2.0, p.25)

Bibliografía

  • Castro Bonilla, Alejandra (200?): "El derecho de autor ante las TIC en la economía del conocimiento", Informática Jurídica, (descargado el 2-06-2009)
  • Cuen, D. (2009): "¿La hora de los libros electrónicos?", BBC Mundo
  • Cuen, D. (2009): "El futuro de los libros", BBC Mundo
  • Durand, D. (2009): "Google Books: la vision iconoclaste de l'utilisateur lambda", media-tech.blogspot.com
  • Ertzscheid, O. (2009): "Scanne moins fort, y'a le petit qui dort. De Google Books Search à Google Books Settlement", affordance.typepad.com
  • Google (209): "Google Books Privacy Policy"
  • Jaramillo, Oscar (2000): "Derecho a la Información en la Web: Una revisión conceptual",Santiago de Chile, Revista TDC (Univ.Diego Portales).
  • Lessig, Lawrence(2009): "El código 2.0", Madrid, Traficantes de Sueño, Versión PDF (http://traficantes.net)
  • Moulier-Boutang, Y. (2007): "Le capitalisme cognitif, la nouvelle grande transformation", Editions Amsterdam
  • Rojas Moscoso, Alberto (2009): "Redes sociales de internet ponen en jaque la censura a nivel mundial", Santiago de Chile, El Mercurio, 28-06-2009.
  • Google Books: todos los libros sin ley, ABC, 5-10-2009


  • 14 de septiembre de 2009

    La prensa on-line en busca de camino


    En posts anteriores hemos señalado las limitaciones de los actuales periódicos on-line y hemos hemos indicado de que manera, a nuestro juicio, deberían estructurarse y oferecerse a los lectores. Hemos señalado también que, a nuestro parecer, no han entendido ni asumido la filosofía de la web ni los supuestos y poderes de la hipertextualidad. Pero ésto no quiero decir que estos medios, o al menos algunos de ellos, no se estén haciendo preguntas o buscando algunas modalidades de adaptación, aunque raras veces hablen de ello públicamente. Sin embargo, en los dos o tres últimos años este tipo de preocupación ha empezado a transformarse ella misma en noticia. Veamos algunos ejemplos.

    La atracción digital

    En 2007, leíamos en Baquia: "No son pocos los estudios que demuestran que la prensa online engancha a los navegantes, que los periódicos de la Red son una fuente de información fiable y con buena acogida y que, incluso, la Red ayuda a aumentar la difusión de los diarios de papel." (10-07-2002). Lo último, sin embargo, ha sido desmentido por varios periódicos. En el periodo en que los internautas neoyorquinos aumentaban un 3%, la edición online del Daily News subió un 23%, y otras como NYPost.com o Newsday.com recibieron un 12% más de visitas, pero los lectores de impresos no subieron (ComScore Media Metrix, 2007). Quizás sea más común que cierto número de lectores deje el impreso por la versión digital. Es, al menos, lo que preocupa a diarios tan diferentes como los norteamericanos (como el Washington Post o el New York Times) y los franceses (como Le Monde y Le Figaro). El Washington Post impreso perdió el 3% de sus suscriptores en 2006 mientras su versión on-line (Washingtonpost.Newsweek Interactive) tuvo un aumento de 11% de lectores (Estrategia, 18-04-2007). ¿Qué es lo que atrae a los lectores on-line, según ellos? A su parecer, el chateo con los periodistas y los varios blogs sobre temas específicos como política exterior, ciberseguridad (que atrae a los jóvenes) o incluso religiones. Lo ratifica, sin duda, el hecho que el informe “State of the Media 2007” le concedió una de las más altas calificaciones entre las páginas web de noticias y que obtuvo otros dos premios nacionales por mejor sitio web de gran circulación.

    La vía de la "Web 2.0"

    ¿Qué pistas observamos ahí? En esencia, el hecho de adecuarse a la evolución de la web hacia mayor interactividad (blogs y chats) y, también, la mayor diversificación y especialización de los contenidos, con lo cual se puede satisfacer a una mayor cantidad de lectores pero por medios de secciones y no por "cuerpos generales" (segmentación), cosa que no es posible en versiones impresas. Otros periódicos han adoptado soluciones parecidas, como El Mercurio de Santiago de Chile cuyas columnas editoriales aparecen en blogs que los lectores pueden comentar. Pero si bien puede ser atractivo para algunos lectores mandar su propia opinión aún falta un estudio sobre la proyección de éstos. Cuando se acumulan las respuestas -digamos diez, veinte, cincuenta o más-, es evidente que la columna a provocado interés pero ¿alguién lee realmente estas respuestas? ¿Las procesa el diario -o el autor- para generar una síntesis o nuevos contenidos? Se produce aquí sin duda una contradicción: ¡a mayor muestra de interés (número de respuestas) menor capacidad de lectura y de análisis! El uso de una encuesta simple podría, en este sentido, ser mucho más interesante para los lectores: ¿cuántos de ellos están de acuerdo con tal o cual posición, en relación a lo planteado por el autor? Ésta es una forma simple de sintetizar opiniones (si la pregunta está bien hecha y las alternativas claras, por cierto).

    Con el chateo ocurre algo similiar: ha sido demostrado que ocurre lo mismo que con los grupos naturales. Mientras es factible mantener una discusión en un grupo de seis u ocho personas, se hace más y más difícil cuando el grupo crece, y la situación se vuelve rápidamente caótica. El chateo, en consecuencia, toma más bien la forma de una conferencia de prensa. Puede satisfacer al lector que obtiene una respuesta a su pregunta, pero puede aburrir a los otros y desalentar a quienes no logran ser atendidos.

    El factor económico

    Sin duda, la gratuidad del acceso es un atractivo importante, pero complica mucho a las empresas. Los anunciantes tienen a disminuir la contratación de espacios impresos pero no lo compensan con espacios digitales. En el caso del Washington Post, el impreso perdió el 4% de sus ingresos por publicidad pero el proyecto online genera solo el 14,5% de los ingresos totales (Estrategia, 18-04-2007). Según un analista del Deutsche Bank, un lector online vale el 10-15% de lo que los periódicos impresos valoran a un lector de prensa escrita, ya que las tarifas de la publicidad online son menores (ibidem). Pero atraer lectores online e insertar publicidad implica diferenciarlo más del medio impresos y, por lo tanto, dedicar más recursos a este formato. De ahí que una cantidad cada vez mayor de medios importantes ha empezado o planea a corto plazo cobrar por sus contenidos o, al menos, una parte de ellos.

    The Wall Street Journal cobra desde hace tiempo por todos sus contenidos. También lo hace ESPN.com. El New York Times lanzó el Times Reader, una aplicación gratuita que permite descargar y tener acceso libre sólo a algunas secciones de la publicación, tal como la portada y la sección de negocios entre otras pocas. Si se quiere tener todo el contenido, hay que comprar una suscripción mensual de USD$14,95 (FayerWayer, 13-05-2009). Es más: está realizando una encuesta entre sus lectores on-line acerca de su disposición a pagar US$ 5 mensuales por la lectura en línea. Si las opiniones resultaran negativas, el matutino aseguró que podrían evaluar una tarifa de US$ 2,5 (El Mercurio, 25-07-2009). News Corporation, la cuarta más grande compañía de la industria de los medios de comunicación en el mundo (que engloba por ejemplo los periódicos The Sun y The Times y las cadenas vía satélite Fox y Sky) ha tomado una decisión similar: Rupert Murdoch, su propietario, ha confirmado que el próximo año terminará con el colgado gratuito de contenidos (El Mundo, 7-08-2009). "En 12 meses, casi todas las organizaciones periodísticas van a cobrar por los contenidos digitales", sentenció Brendan Barber, editor del Financial Times, de Londres (El Mercurio, 25-07-2009).

    Pero éste es un modelo que solo funciona si se ofrece algo que la gente no puede conseguir en otra parte. La competencia, por lo tanto, deberá orientarse hacia una mayor diferenciación y segmentación. Esta segmentación ha resultado exitosa en el caso del Washingtonpost.com y podría también ser una veta favorable para la publicidad, del mismo modo que resulta favorable para los motores de búsqueda.
    La personalización

    Otra veta es la personalización. El New York Times cuenta con el "Custom Times", un sistema que permite que los lectores suscritos reciban un diario personalizado en función de sus propios intereses(Le Monde, 14-07-2009). El Washingtonpost.com se está planteando ir en esta misma dirección, permitiendo a sus lectores crear sus propias páginas, incluso colgando su propio material, como en las redes sociales. Y aquí se abre una perspectiva diferente: la del "periodismo ciudadano" o de aficionados, acompañado de grandes dudas como la seriedad, la confiabilidad, la responsabilidad del medio que acoge este material, la sobreabundancia, etc. Pero ésto nos aleja de nuestro tema y no lo discutiremos aquí.

    Conclusión

    ¿Qué alternativas se plantea actualmente la prensa para sus ediciones on-line? Buscar lo que puede interesar a los lectores, como dónde y en qué entretenerse después del trabajo y no sólo los habituales contenidos de crónica. También ofrecer contenidos más profundos (que, en algunos casos, como lo planteado por los diarios franceses Le Figaro y Libération, quisieran reservar a las ediciones impresas). También piensan en la diversificación de sus lectores y, consecuentemente, de sus secciones y formatos. Pero son aún pocos los casos en que piensan en mecanismos de diseminación en que los lectores puedan fijar su propio perfil de intereses y recibir información de acuerdo al mismo. Y en ninguna de las noticias o reseñas sobre el tema que hemos encontrado aparece una reflexión sobre el carácter profundo de la web y las posibilidades del hipertexto, como tampoco del futuro que se desprende de los trabajos orientados a la "web semántica" o "Web 3.0". Nuestros posts anteriores demuestran que hay ahí una vía importante que merece ser considerada y operacionalizada.

    ¿Cuál es, a nuestro juicio, el problema de fondo? ¡Querer "ajustar" un medio tradicional pensando que se trata solo de adecuar su "formato" y no haber entendido aún que el problema no es de formato sino que ha nacido un nuevo medio de comunicación!

      "Lo que se vislumbra es el surgimiento inexorable de nuevas formas de medios on-line que harán la competencia a la prensa tradicional que solo transfiere su formato impreso al formato más básico de la Web."


    Fuentes
    - Noticias recopiladas en Notibits
    - "La presse quotidienne cherche son salut en jouant la différence avec le Web", Le Monde, 04.09.2009 )
    - "Prensa escrita versus prensa online: Las preguntas superan a las respuestas", Estrategia, Wharton School, Universidad de Pennsylvania y Universia. 2007